Con la conmemoración mañana martes del 61 aniversario de la intervención estadounidense de 1965 vuelve a latir la herida que representó la agresión para el desarrollo del país.
Las tropas estadounidenses desplegadas con la bendición de la Organización de Estados Americanos (OEA) troncharon el anhelo del pueblo de regirse por un sistema democrático.
Inspirado por un grupo de oficiales que había depuesto al triunvirato que usurpaba el poder, el pueblo se levantó para respaldar la reinstauración en la presidencia del profesor Juan Bosch, quien había sido derrocado el 25 de septiembre de 1963 a través de un golpe de Estado.
Lo que comenzó como una lucha por el respeto a la institucionalidad se convirtió con el desembarco de las tropas estadounidenses en una batalla en defensa de la soberanía nacional.
El supuesto temor a la infiltración del comunismo que tanto Estados Unidos utilizó como bandera para imponer dictadores en la región ni nada justifica la intervención militar para impedir la restauración en el país del sistema democrático.
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En los 61 años que han transcurrido desde entonces el atropello, por las secuelas que provocó en la conciencia y las condiciones de vida de la nación, es difícil de olvidar.
República Dominicana ha tenido que pagar un alto precio para disfrutar de elecciones libres, respetar la alternabilidad en el poder, despolitizar a los militares y crear condiciones para el desarrollo de sus fuerzas productivas.

