El país está viviendo la vorágine de la violencia desencadenada. Todos son víctimas o victimarios. Hay indiferencia social ante el problema. Todavía se piensa en las salidas individuales. Si no me toca la violencia, piensan los desalmados, no existe.
La mancha de sangre y de muerte sigue como río desbordado. Por una simple discusión se esgrime el arma homicida. Hay violencia intrafamiliar en el hogar, mientras que las calles son peligrosas por los atracos y lucha entre pandilleros.
La sociedad tiene que dar un paso adelante, y enfrentar en forma heroico a la violencia desmedida, que no se puede ya interpretar como hechos aislados, de una parte de la población.
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El crimen y la muerte están ya arropando a todas las capas sociales, sean pobres de solemnidad o ricos de exclusividades. La solución tiene que ser conjunta. Hay que parar a la violencia, al costo que sea.
Hay que pensar en acciones preventivas, mientras que se castiga a los culpables. Hoy, la prevención juega un papel importante y es enfrentar la descarnada violencia que afecta a todos. Es ver el hecho antes de que se produzca, y presentar alternativas.
El componente que hace detonar la violencia está en lo fundamental en lo incierto de la economía de la mayoría. Ser pobre, marginado, excluido no es sinónimo de delincuente. Inclusive, dentro de su pobreza extrema están dominicanos respetuosos de las leyes y ejemplos de sus comunidades.
Pero el hambre y la desesperación social apuntan hacia el terreno de la delincuencia, de los atracos, del sicariato, de los puntos del micro-tráfico de drogas. A esa población, sobre todo de jóvenes, hay que presentarle alternativas, para prevenir que se conviertan en futuros delincuentes.
La violencia no podrá ser controlada sino se mejoran las condiciones de vida de los marginados sociales. En un mundo sin ideologías, muchos han dejado de pensar en lo colectivo y la lucha social, y acuden en buscar soluciones a sus males de modo individual y donde estén las circunstancias.
La fragilidad de los residentes en las barriadas marginadas los impulsa a ser agentes de robos, atracos y violaciones de la tranquilidad de una mayoría de dominicanos. Hay que pensar en medidas de mejorar los niveles de vida de la marginalidad social.
La violencia hay que prevenirla con medidas de corte social, y aplicando severos golpes de respuesta a los que violan las leyes. No todos son culpables de la descarnada violencia de nuestra sociedad, pero si todos deben luchar para atajarla.
Manuel Hernández Villeta

