El senador por Santiago, Daniel Rivera, ha puesto sobre el tapete el problema de la minería al oponerse a la explotación de yacimientos en la cordillera central.
Por más que pueda alegarse que está en su derecho, no ha de ignorarse que por su rol como legislador su opinión no puede ser emocional, sino racional.
Aunque en modo alguno se puede consentir la depredación del medio ambiente, que es atentar contra la vida para obtener beneficios económicos, tampoco se debe desaprovechar explotaciones que no afecten los recursos naturales.
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El caso no es tan complejo como puede parecer. Si bien es cierto como reconoció Rivera que en los movimientos ecologistas hay muchas personas serias, que se identifican con la naturaleza, también hay muchos oportunistas que los utilizan con propósitos personales.
La minería en la cordillera central no debe impedirse por impedirse, sino porque no conviene al país.

