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Oficina de negocios

Oficina de negocios

Desde la cultura sumeria hasta la paz de Westfalia, la diplomacia ha jugado un papel estelar en la búsqueda de nuevos mercados. Cuando esta importante actividad se desempeñaba de manera errante por el mundo, su misión era, más que todo, conquistar oportunidades de negocios para las partes envueltas.

Durante el siglo XVIII, cuando la diplomacia se hizo sedentaria, representando a los Estados nacionales, continuó su labor de ubicar nichos para las actividades comerciales de ese entonces.

Esa debe ser la mística de un cuerpo diplomático de estos tiempos. Lamentablemente el cuerpo diplomático dominicano no tiene esa característica. Pues quien lo dirige se la pasa regodeándose con el tema haitiano, como si el MIREX no tuviera una enorme tarea y una especial responsabilidad con la nación.

La agenda del señor Roberto Álvarez está totalmente desconectada de los requerimientos del país, y ante la monumental falta de agenda, el MIREX acude a la entrega de «pergaminos de reconocimientos» a personajes que su único logro ha sido dar coba a todos los ministros de Relaciones Exteriores que han pasado por Cancillería.

La diplomacia de este gobierno no trae dólar a la patria. Ensimismados en su complejo de trompo, dando vueltas sobre su propio eje, nuestros representantes allende los mares, reniegan buscar mercados y atraer inversiones. ¿Por qué no imitar a Honduras?, país centroamericano que acaba de dar cátedra sobre la responsabilidad del cuerpo diplomático en el mundo actual.

Los catrachos inauguraron recientemente una oficina de atracción de inversiones para el Medio Oriente en Riad, Arabia Saudita. ¡Eso es diplomacia!