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Reminiscencia: Convocatoria a los cuerpos de la poesía

Reminiscencia: Convocatoria a los cuerpos de la poesía

Por: Amable Mejía
amablemejía1@hotmail.com

La poesía dedicada a un dolor por perdida de un ser importante para la vida anímica de un poeta o cualquier ser humano, sin importar cuál sea el motivo, sin que tenga la condición de escritor, podría ser significativa dependiendo del abordaje.

Lo reminiscente a partir de los recursos de la poesía y del “valor” per se, que la palabra tenga para el poeta que a partir de una catarsis ¿profunda? ¿Acaso toda catarsis no lo es? Logra convencer tras un poema de una sola pieza, convencerse a sí mismo que ha dado con el tono a implicar a la aflicción inenarrable, primero para sí mismo y luego para el que está delante de la página ya no en blanco. 

¿Consiguió el poeta su “liberación”, comunicarse consigo mismo y al hacerlo evocar en imágenes y palabras escogidas por ese mismo “pasaje de vuelta” que es recordar? Sin remedio. Amargord, 2015, poesía… son de esos libros. ¿Adónde nos lleva al introducirnos en su aventura reminiscente? ¿A la magia verbal del autor, significa la palabra encontrada y reencontrada como una aventura del ser, ¿Cuál ser? ¿El de lo anecdótico, el de evocar los momentos más felices en una cotidianidad fluida y despreocupada porque se tiene a alguien que se le ama y es correspondido, o de una intimidad barroca, surrealista, exotérico tras su desaparición física?

De este singular poemario atrapa la manera cómo el poeta aborda, con la palabra, lo que quedó, queda de una convivencia maravillosa de dos seres aunados por el afecto y la explosión del cuerpo, llamado amor. Sí, este poemario es un poema de cuerpo lúdico, erótico, místico y totémico. ¿Qué evoca el poeta sino el cuerpo y alma, que son las del mismo poeta y de la amada, en una unión de sangre como transfusión dada en el plano terrestre? Las palabras poéticas están ahí. Donde lo que otro quiere olvidar e idealizar el poeta susurra: “Vagina sagrada Punto G”, donde la soledad adquiere ribete metafísico: “Me dejaste solo/y apenas/pude deshilarte/con la novia y los perros danzando”.

Esta es una manera loca de atar y desatar, de entender el propio dolor irreconciliable con la realidad de los sentidos. Un poema extenso que vive apelando a los sentidos como corporeidad desarraigada, como cuerpo que la realidad no puede decir nada a no ser sugerir con la palabra poética lo que está pasando en el poema y qué está pasando en el poema son las palabras para intentar sujetar esa misma realidad del dolor que ya no tiene asidero sino el desvariar.

Sin remedio se constituye en un “remedio” en el sentido más subversivo, minar la propia palabra para encontrar el alivio que la misma palabra que da y quita, ante tan largo proceso de vida, perdiéndola, que padeció a quien está dedicado el poema, como lo que fue y sigue siendo en otras orillas.

Las poesías de todas las lenguas tienen poemas singulares, ejecutados como partituras insomnes, donde se quiere exorcizar la cotidianidad de lo vivido para hacerlo “real”.

En Sin remedio, aunque se busca hacer “lo mismo”, también estruja en la cara, al rostro del inconsciente, que no hay manera de que eso sea posible realizarse, es decir sofocar al dolor. Un ejemplo de eso es como termina el poema, con una metamorfosis erótica, un reencuentro allá donde todo es posible porque en la tierra todo lo fue.

El poder de la poesía para lo imposible en tierra, o más bien no imposible sino cortado como se desprende una hoja de árbol, bajo el viento, bajo la fuerza gravitacional de la gravedad. Así hay vida que se van, ¿se van realmente? Como se apagan permanece su luz a todo lo que tocó además de la participación de los otros sentidos, y que el poeta, en su taller de abracadabra exorciza, mutila, convoca, da paso como lo cierra para que la palabra poética lo toque y lo revindique.

Sin remedio de Plinio Chahín convoca a los cuerpos, a los dolores astrales de la poesía, tomando entre sus dedos la palabra para convertirla en poesía testimonial no tradicional, en el tratamiento del tema que va desde su manera más personal que poeta alguno, dominicano por demás, haya tratado al ser amado transmutado para el goce de la poesía de un lector cuidadoso y sensible.

“A sorbo me bebí/tussombras/con honda sed de insomnio y bebida”.

El autor es escritor.

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