El respeto al proceso institucional y la vocación democrática de sus propulsores constituyen dos de los rasgos más sobresalientes de la revuelta militar de abril de 1965, de la que hoy se cumplen 61 años.
A diferencia de los golpes de Estado protagonizados por militares para alzarse con el poder, el motivo aquí fue para reponer al presidente que había sido depuesto, el profesor Juan Bosch, después de ganar unas elecciones libres.
El movimiento militar para deponer al triunvirato que usurpaba el poder, encabezado por el abogado y empresario Donald Reid Cabral, tuvo en el coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez a uno de sus principales propulsores.
El pueblo, respondiendo a un llamado a través de la radio del doctor José Francisco Peña Gómez, no tardó en respaldar la contienda a favor de la constitucionalidad.
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En el curso del proceso el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó emergió como líder del movimiento constitucionalista. La batalla del puente Duarte y la toma de la fortaleza Ozama son dos de los episodios más memorables de la contienda cívico-militar.
Un acontecimiento tan significativo en modo alguno puede pasar inadvertido en cada aniversario. Un pueblo en la calle apoyando a los militares que se habían levantado en demanda de la restauración del orden institucional, que había sido interrumpido por el golpe a Bosch.
Desde 1965 a la fecha las heridas se han cerrado, pero la lección ha quedado como advertencia frente al caos institucional y las violaciones constitucionales.

