En Santiago no funcionó
Uno no imagina a los milenarios faraones que se desplazaban como dormidos, regios, Nilo abajo en hermosas barcarolas de oro, hablándole cada cierto tiempo a la subordinada plebe. Tan sutil era su mando todopoderoso que terminaron creyéndolos-y creyéndose ellos mismos- dioses. Entonces era normal que un gobernante, cubierto por el aura de la divinidad, se […]
