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Un debate absurdo

Un debate absurdo

Julio Martínez Pozo

La ignorancia, el populismo y lenguaje de trasnoche izquierdista que conserva vigencia en la conversación  pública, nos han embarcado en un debate  sobre los fondos de pensiones muy alejado de lo que está ocurriendo en las sociedades más desarrolladas en las que dos líneas trazan la pauta de la discusión: 1-Que la inversión desarrollada con fondos de pensiones esté desvinculada de las emisiones de gases de efecto invernadero; 2-Que las inversiones no se destinen a destruir empleos ni sindicalización.

Un ensayo de Jeremy Rifkin titulado “El green new deal global”, tiene amplia información  al respecto:

“Los fondos de pensiones son una nueva forma de riqueza que ha emergido en los últimos treinta años hasta convertirse en la mayor reserva de capital del mundo. Ahora, su valor supera los 500.000 millones de dólares… Los fondos de pensiones representan el 20-25% del capital de las empresas estadounidenses y el 40% de los bonos. Los fondos de pensiones son la mayor fuente de capital inversor en el sistema capitalista estadounidense… Hoy, unos 200.000 millones de dólares en capital de fondos de pensiones proceden de los ahorros combinados de 19 millones de miembros de sindicatos y de los fondos de empleados públicos de los dieciséis estados que componen el corredor Nordeste-Medio Oeste”.

Nadie está  proponiendo destruir ese ahorro, ni poner a los trabajadores a cargar con el costo de la crisis económica desatada por la pandemia de covid-19, sino que esos fondos sean el gran acelerador de la tercera revolución industrial basada en energía limpia y en una economía de coste marginal cero, que habrá de impulsar la creación de miles de millones de nuevos empleos.

Lo que no quieren los trabajadores estadounidenses ni de otras naciones desarrolladas es seguir afilando cuchillas para sus  gargantas, por lo que Rifkin destaca lo siguiente:

“En otras palabras, los ahorros de millones de trabajadores sindicados en el norte eran utilizados por bancos y la comunidad financiera para invertir en grandes empresas estadounidenses que, a su vez, abandonaban a la fuerza laboral sindicada y se trasladaban a los estados del sur, contrarios a los sindicatos. Millones de dólares en ahorros de trabajadores sindicados se invertían en empresas cuya política explicita era eliminar esos mismos empleos, y nadie parecía haberlo advertido”.

En RD gente que dice querer una pensión digna para los trabajadores, expresan simpatías por el absurdo de empezar a destruir los fondos pensiones, como ocurrió en Chile donde se iría a la cuarta devolución, a diferencia de que los trabajadores chilenos son los aportantes del 100% de sus provisiones de pensión, mientras que en RD, el 7.5% del aporte del salario corresponde a la empresa y un 2% al trabajador.

De RD$707,082 millones acumulados hasta la fecha 15% lo han aportado los trabajadores; 37% las empresas y 48% las utilidades de las inversiones realizadas por la AFP.

Otra cosa que no toma en cuenta la petición es que los fondos  no están en bóvedas escuchando la discusión sino colocados en certificados de deudas del Banco Central, Haciendas y empresas privadas, con las que habría que anular la transacción para buscar la disponibilidad que permita la devolución.

Por: Julio Martínez Pozo [email protected]

El Nacional

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