La semana pasada un chofer de la Dirección de Limpieza y Gestión Integral de Residuos Sólidos, que gestiona y opera en Santiago desde el Ayuntamiento y con otras empresas privadas que contrata, luego de un accidente vehicular en el que rozó un motor fue linchado por una turba de motoristas y herido mortalmente de una estocada.
El “ajusticiamiento” fue en el parqueo del Palacio de Justicia de esta ciudad adonde el chofer llegó después de haber abandonado la escena del accidente probablemente asustado por la presencia amenazadora de quienes, finalmente y a pesar de la solicitud constante de auxilio del servidor público de solo 41 años, refiere la prensa, murió a consecuencias de la violencia ejercida en su contra.
Es doloroso reconocer que somos una sociedad reactivamente violenta respondiendo tan cruelmente, nunca hay razón humana para que estos hechos sucedan ante tanta indiferencia, la poca respuesta a la inseguridad de parte de agentes y las instituciones del orden y el grado de deterioro en los grupos motorizados en dos ruedas que repiten estas conductas sin que se accione.
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La impunidad permitida y mantenida en un desorden que ni documentos exige, la permanencia de un discurso de acción violenta se sumó para que, David Carlos Abreu Quesada de 41 años y en funciones laborales inseguras, haya sido asesinado en el mismo “patio” del edificio de la Justicia sin amparo y despiadamente por un roce que no dejó consecuencias trágicas en otros, pero si su propia muerte.
Saber que en nuestro país “más del 50% de los homicidios violentos se originan en conflictos sociales y no delincuenciales, nos obliga a realizar una profunda introspección desde toda la sociedad que percibe la inseguridad a causa de la delincuencia como el mayor problema, de manera desconectada, sin incluirnos individualmente.
Pérdida de valores, pero, también, crisis de autoridad en niveles administrativos y políticos, la corrupción tolerada, la ignorancia e indiferencia de quienes legislan y la ineficacia de la aplicación de la ley.
Es esperanzadora la actitud de la Procuraduría General de la República, así como del Ministerio de Interior y Policía; que se aplique.
Impresionante la intervención pasiva de quienes estaban en el lugar sin tratar de evitar un acto tan inhumano y decantarse por grabar o sacar fotos con sus teléfonos con una ausencia total de empatía frente a una persona que les advertía que la iban a matar y que, por favor, lo evitaran.
Esto no fue un simple conflicto vial, no, fue un asesinato.

