Editorial

Buenas señales

Buenas señales

La imparcialidad que por ahora  ha caracterizado las decisiones del Tribunal Superior Electoral (TSE) es una buena señal,  que crea confianza y contribuye a despejar la incertidumbre que ha rodeado los procesos de votación.

Con unas elecciones municipales, congresuales y presidenciales que ya están prácticamente aquí   se impone la construcción  de un clima de seguridad y transparencia   basado en decisiones apegadas única y exclusivamente a las normas constitucionales y legales.

El TSE, que juega un papel fundamental en los procesos eleccionarios y la nominación de candidaturas de los partidos políticos, ha observado  equidistancia en los fallos de los casos de que ha sido apoderado. Y uno de los  detalles más importantes es que las sentencias han reconocido el derecho de los militantes de las organizaciones de elegir y ser elegidos en igualdad de condiciones, como manda el sistema democrático.

No hay que establecer comparaciones pero generan optimismo decisiones como la que obliga al PRM a inscribir un candidato a diputado por la provincia Duarte que ganó la nominación o a Fuerza del Pueblo a registrar para la senaduría por Elías Piña a Alejandro Morillo Montero, sin importar que este después renunciara para facilitar la alianza de su partido con el PLD y el PRD, por vencer en la encuesta asignada al Centro de Estudios Sociales y Políticos.

Otras sentencias que despiertan confianza y consolidan la imagen del TSE son la que obliga al PRM a reconocer la victoria de un candidato a la alcaldía de Pedro Brand y la exclusión de una aspirante a diputada  por La Romana, así como la anulación de las encuestas realizadas por Fuerza del Pueblo en la circunscripción 3 del Distrito Nacional. También la proscripción del método utilizado por la misma organización en La Romana para escoger los aspirantes a diputados.

 Aunque por ahora no se ha visto el menor sesgo de parcialidad y las decisiones hayan sido bien acatadas, de todas formas la opinión pública tendrá que permanecer atenta, sin importar siquiera la buena reputación de los magistrados del TSE. Con los avances  en la celebración de elecciones cualquier retroceso sería un baldón tanto para el sistema democrático como para el país.

Tanto los procesos internos como las votaciones para los distintos niveles tienen que garantizar la expresión de los electores. Si el TSE y la Junta Central Electoral (JCE) desempeñan sus roles conforme lo establecen las leyes entonces la democracia, y por ende la imagen del país, resultarán fortalecidos.

El Nacional

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