La muerte a tiros de Esmeralda Moronta de los Santos por su expareja replantea la intervención de las autoridades frente a los temores y amenazas que padecía la víctima.
Si se trata de una excusa, es muy débil el alegato del Ministerio de Público de que Moronta de los Santos rechazó ser ingresada a una casa de acogida para protegerla frente al acoso que había denunciado contra su expareja Omar Tejada Guzmán.
Con la protección procedía la misma decisión que se adoptó en el caso Anabel Díaz: perseguir y detener a su pareja, de quien dijo que la maltrataba y amenazaba con ultimarla.
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Fausto Ezequiel Valdez Cordero fue localizado en Cotuí después que la mujer, tras abandonar voluntariamente una casa de acogida, expusiera su situación a través de las redes sociales.
Al parecer a Moronta de los Santos se le ofreció la casa de acogida, mientras su expareja seguía en libertad. Tras hacer la denuncia Moronta de los Santos no hizo más que llegar a su casa y salir corriendo tratando de salvar su vida de su expareja, quien la persiguió hasta ultimarla a tiros.
Múltiples casos confirman que ni siquiera las órdenes de alejamiento impiden la violencia machista que tantas víctimas ha dejado.
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Ante cada denuncia las fiscalías tienen que detener a los acusados para evitar que se materialicen feminicidios, como ha ocurrido en el caso de Anabel Díaz.
Tras la detención de su pareja ella no tendrá que vivir escondida ni con el miedo de convertirse en otra víctima de la violencia machista.

