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Esto pienso, esto creo: Cosas claras que la política las convierte en difíciles

Esto pienso, esto creo: Cosas claras que la política las convierte en difíciles

Rafael R. Ramírez Ferreira

Irresponsablemente le estamos dejando a las nuevas generaciones, un estilo de vida que para sobrevivir será muy difícil y hostil, donde hasta la tierra, resentida, se negará a facilitarle la cosecha para obtener los alimentos para su sustento. Hoy, por una política irresponsable y permisiva, el “conuquismo” por un lado; la sustracción de las mejores tierras para cubrirlas con varillas y cemento y los pobres padres de familia por el otro, arrabalizando hasta las riberas de los ríos, conforman un conjunto de amenazas las cuales son inobservadas por la clase política, ya que, para ellos, el clientelismo político es su principal meta con el único fin de obtener un voto barato y servil que los encumbre a convertirse en “honorables”.

A propósito del clientelismo político, abro un pequeño paréntesis para recordarles a los desmemoriados políticos, siempre aspirantes al poder, que el derrochar el erario en dadivas para los pobres padres de familia, ha quedado demostrado, que no asegura el voto en las urnas.

Para una buena referencia, solo tenemos que abocarnos a lo sucedido en la pasada campaña electoral, donde solo les faltó abrir las cajas fuertes del Banco Central y, como la historia una vez se escribe como drama y otra como tragedia, y por igual es casi inexistente lo que separa esta última de la comedia, en la famosa ultima “Consulta” política, se le repitió la tragedia a la señora aquella, al no disponer ya de los recursos que le fluían como agua de un manantial a sus manos y no precisamente porque se distinguiera en algún momento como una persona prestante, sino, por circunstancias del destino, que puso los vientos a correr en la dirección que más se ajustara a sus ambiciones.

Lo que sí estoy creyendo, es que esperar un cambio de este rumbo político basado en el clientelismo y la dadiva, lo cual se ha convertido en una práctica común en las últimas décadas llenas de supuestas libertades, es lo mismo que ponerse a esperar que el infierno se congele.

Todo esto, porque se han convertido en vulgares tecnócratas especialistas en emular leyes, reglamentaciones y comportamientos propios de otros lares y que a la fuerza tratan de aplatanarlas aquí, sin importar ningún tipo de idiosincrasia constituyendo lo peor, que al carecer de los elementos indispensables para ejecutar una buena política, dan la sensación de solo ser unos cretinos ascendidos hasta a ”honorables” en base a triquiñuelas políticas donde hasta para producir cualquier tipo de iniciativa o adefesio de proyectos de ley, emplean a teóricos, expertos “copistas” que de todas maneras los paga el pueblo.

Ya lejos han quedado aquellos tiempos donde el ejercer la función de Regidor, estaba destinada para las personas prestantes del área, pero que, en estos momentos, cabría preguntar; ¿Cómo sobrevive nuestra democracia? ¿Cómo puede respirar aun? ¿Cómo podrían explicar estos políticos la supervivencia de ésta, si la Justicia es dirigida por elementos claramente políticos o corruptos, para los cuales es prácticamente imposible aplicarles cualquier sanción y mucho menos su cancelación? ¿Qué decir que en los pueblos tanto la justicia, como la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas responden más a los intereses políticos de los caciques regionales que a las propias autoridades llamadas a ejercer estas funciones?

¿Conjeturas, suposiciones, creencias o realidades? Me parecen más estas últimas, conocidas por muchos y  admitidas por pocos. ¡Sí señor”!

El Nacional

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