Editorial

Gran honor

Gran honor

En la distribución de vacunas contra la covid-19, República Dominicana sufrió discriminación, pero también conoció la solidaridad de naciones que tendieron manos para poder iniciar  camino hacia la contención de la pandemia, por lo que ahora toca al gentilicio nacional compartir con otros pueblos lo poco que se tiene.

Habrá tiempo para enrostrarle al Gobierno lo que se define como carencia de planificación al contratar inmunizantes en exceso, o aceptar la justificación oficial de que todo tuvo su origen en la incertidumbre de obtenerlas, pero hoy corresponde cultivar la generosidad.

Cuando las manos extendidas no concitaban ningún tipo de interés por parte de grandes economías y  farmacéuticas, el gobierno de la India  donó al país 30 mil dosis de vacuna Astrazeneca,  gesto que se agradece por siempre, al igual que las 50 mil  donadas por la República Popular de China.

No son muchas las economías en vía de desarrollo o de renta media, como República Dominicana,  que  han logrado obtener  suficientes vacunas para inocular siquiera  a una parte mínima de la población, por lo que es tiempo de compartir.

Es por eso que la decisión del Gobierno de donar  más de medio millón de vacunas contra el coronavirus a varios países de Centroamérica y el Caribe  recibe el beneplácito de una población sostenida en medulares valores de unidad y solidaridad.

Por igual se aplaude el gesto gubernamental de donar a Cuba diez toneladas de insumos sanitarios  requeridos por los centros de vacunación en la isla, cuya obtención se dificulta por razones políticas. Poder servir, más que una obligación o un deber, constituye un gran honor  e inconmensurable dicha.

El país ha recibido unos 20 millones de dosis de vacunas contra la covid-19, de un total de 30 millones contratados, de los cuales ya ha aplicado cerca de once millones, por lo que esa cantidad es suficiente para vacunar a toda la población, donar más de un millón y conservar una reserva estratégica.

La misionera Teresa de Jesús solía decir que “hay que dar hasta que duela”, aunque la verdad es que en vez de dolor los dominicanos deben sentir orgullo  al ejercer la solidaridad, por lo que satisface poder compartir esta vez lo poco o mucho con Haití, Guatemala y Honduras.

El Nacional

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