Opinión Editorial

Guardar las apariencias

Guardar las apariencias

Tres días después de las reuniones bilaterales que sostuvo en Costa Rica el presidente Luis Abinader con el presidente de Israel, Isaac Herzog, y con el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, República Dominicana anunció la adopción de tres medidas relacionadas quizás con esos encuentros.

El Gobierno informó que  acogerá un número limitado de nacionales de terceros países deportados por Estados Unidos, excepto haitianos, para facilitar el retorno a sus naciones de origen, además de conceder una extensión temporal para el acceso, estacionamiento y sobrevuelo de aeronaves y personal estadounidense en territorio nacional.

La tercera decisión anunciada por la Cancillería dominicana  ha sido  designar  al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de irán y a Hezbollah, como organizaciones terroristas, con lo que se cree habría cedido a pedidos de Washington y Tel-Aviv.

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Durante su visita a San José, Costa Rica, con motivo de la juramentación de la presidenta  Laura Fernández Delgado, el presidente Abinader  abordó con la prensa temas relacionados con Cuba, Venezuela e Irán y reiteró la alineación del gobierno dominicano con la política internacional de Estados Unidos.

El memorándum de entendimiento “no vinculante” con Estados Unidos para recibir  en territorio nacional a deportados de terceros países, requiere de mayor explicación por parte de la Cancillería, que debería precisar la cantidad de indocumentados  y el protocolo de repatriación hacia sus países de origen, sin dejar de admitir que se trata de un convenio extraño en términos de soberanía.

Cuando se creía que el país había superado una situación delicada por el uso del Aeropuerto de las Américas y la base aérea de San Isidro en la recepción de aviones militares estadounidenses que movilizaron equipos, personal y combustible para el tropel naval y aéreo situado en el mar Caribe, el Gobierno concedió una extensión temporal con los mismos propósitos.

Aunque se argumenta que ese permiso se concede como parte  de los acuerdos de cooperación en seguridad suscritos bajo la iniciativa Escudo de las Américas, para fortalecer la vigilancia aérea, interdicción de narcóticos y respuesta aérea frente al crimen organizado, se requiere leer detenidamente las letras pequeñas de ese  convenio.

Al declarar a la Guardia Revolucionaria de irán y al grupo Hezbollah como organizaciones terroristas, República Dominicana excede en lo que debe ser el alcance de su diplomacia al inmiscuirse en una guerra que se escenifica a más de diez mil kilómetros de la frontera imperial. Hay que guardar las apariencias.

El Nacional

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