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Neruda y los poetas dominicanos

Neruda y los poetas dominicanos

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Estimado Efraím Castillo:

Hace dos o tres semanas te prometí una historia en la cual Neruda se evidenciaba como amigo y defensor de los poetas dominicanos. A continuación, un relato de un encuentro fortuito que tuve con él en un vuelo de Lan Chile de Antofagasta a Santiago. Hoy, prisionero de la lluvia, encontré espacio para organizar las ideas y cumplir lo prometido.

Ahí te va:

En horas tempranas del jueves 31 de diciembre del año 1964 salimos de Santiago de Chile, vía terrestre, rumbo a las regiones norteñas, desierto de Atacama incluido, cuatro amigos, a la sazón estudiantes, Rafael Acevedo Pérez, Rafael Tulio Pérez de León, Manuel Severino Contreras y yo.

A media tarde del mismo día y tras un recorrido de casi 500 kilómetros, el cual nos resultó asaz interesante, llegamos a Coquimbo, capital de la Provincia Elqui, de donde pasamos casi enseguida a La Serena, una suerte de ciudad gemela, en donde fuimos recibidos por Dorita, una gentilísima amiga chilena, compañera de estudios, cuyos padres nos dispensaron toda clase de atenciones y nos proporcionaron la más grata estadía en su tierra. Allí celebramos la llegada del Año Nuevo y participamos de las festividades de los días 1 y 2 de enero recién inaugurado.

Al amanecer del día 3 seguimos viaje hacia el Norte y llegamos a Copiapó, ciudad perteneciente a la Región de Atacama y que dista, aproximadamente, unos 350 km de La Serena. Allí, en Copiapó, disfrutamos también intensamente. Y al día siguiente decidimos emprender viaje hacia Antofagasta, Iquique y Arica para conocer esas ciudades tan mencionadas en las aulas universitarias por nuestros compañeros de estudios.

Pero, al cabo de cuatro días de recorrido comenzamos a sentirnos ya un tanto alejados de Santiago, y, conscientes de que dentro de pocos días debíamos reintegrarnos a nuestros quehaceres estudiantiles, decidimos emprender el regreso, lo cual hicimos por la vía aérea, y fue así como el miércoles 6 de enero, Día de los Santos Reyes Magos, abordamos, al final de la tarde, un vuelo LanChile con destino a Santiago.

Más que bueno, el vuelo fue perfecto porque desde sus primeros minutos descubrimos que con nosotros viajaba nada más ni nada menos que el poeta Pablo Neruda. La noticia se esparció diligentemente entre los pasajeros y, de improviso, el avión quedó muy bien animado por un pertinente aunque mal disimulado “cuchicheo” general.

Por: Manolo Nova
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