Editorial

Principal amenaza

Principal amenaza

Principal amenaza

Luce exagerada la afirmación vertida en Dajabón por el ministro de Interior y Policía, Jesús Vásquez, de que “La principal amenaza que tiene la República Dominicana en el día de hoy es Haití”, como también lo es su llamado a “defender el suelo patrio”.

Se admite que el descalabro político y social de ese país, carente de gobierno efectivo y de instituciones básicas para tutelar ley y orden, representa un riesgo de anarquía migratoria, pero aun así no parece prudente otorgarle el grado  de peligrosidad que le atribuye  ese funcionario.

Tales expresiones alimentan el criterio de que el Gobierno sobredimensiona la crisis haitiana y su posible afectación sobre República Dominicana, aunque la verdad es que las medidas preventivas asumidas por las autoridades nacionales se corresponden con la gravedad de la situación.

Los dominicanos estarían compelidos a defender el suelo patrio por la indiferencia de la comunidad internacional  ante el caos prevaleciente en Haití, atribulado hoy  por más de 200 bandas armadas que controlan más del 60% de su territorio y operan una creciente industria de secuestro y narcotráfico.

Lo que ha advertido el presidente Luis Abinader es que el país no es ni será jamás parte  de la solución  del drama haitiano, lo  que indica que a causa de esa crisis el territorio nacional no será recipiente de migraciones masivas ni permitirá que forajidos haitianos transgredan el perímetro fronterizo.

En nada ayuda otorgar a Haití la condición de principal amenaza para República Dominicana, como tampoco sirve de mucho formular un extemporáneo llamado a la colectividad a defender el suelo patrio, que todavía no parece estar en peligro.

Esas rimbombantes expresiones, probablemente formuladas de la mejor buena fe, sólo sirven para alimentar el sempiterno discurso contra el gentilicio dominicano, al que  se tilda de racista, xenófobo y promotor de apátrida, por lo que se aconseja al Gobierno unificar criterios sobre  el tema haitiano para no desafinar.

Militarización de la frontera, aplicación de las leyes migratorias, creación de una comisión de seguimiento a la crisis haitiana y  una ofensiva diplomática en reclamo de que el mundo vire rostro hacia Haití, constituyen iniciativas efectivas y oportunas para garantizar la soberanía nacional, sin otorgar al vecino categoría de principal amenaza.

El Nacional

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