Editorial

Solidaridad con Haití

Solidaridad con Haití

Haití

Los daños causados por el paso de la depresión Grace sobre República Dominicana carecen de significación comparados con la tragedia acaecida el sábado cuando un sismo de magnitud 7.2  sacudió al suroeste de Haití con saldo  de mil 419 muertos, más de  siete mil lesionados y miles de viviendas destruidas.

Las expectativas eran de que Grace arribara ayer a la Isla Hispaniola con fuerza de tormenta, pero se degradó a depresión tropical con más agua que vientos que agravaron en el lado haitiano las labores de auxilio, rescate y atención en las zonas  afectadas por el seísmo.

Haití, que intenta recomponerse del impacto político e institucional provocado por el asesinato del presidente Jovenel Moïse, sufre el impacto de otro gran sismo registrado al noreste de Saint-Louis du Sud, que revive el trauma del terremoto de 2010 que destruyó a Puerto Príncipe y causó más de 300 mil muertos.

República Dominicana tiende su mano solidaria al gobierno y al pueblo haitianos con envío a la zona de desastre de toneladas de medicinas, equipos, alimentos, insumos y personal  médico y paramédico, gesto imitado por instituciones corporativas y de la sociedad civil.

El primer ministro, Ariel Henry,  ha hecho un llamado “al espíritu de solidaridad y compromiso de todos los haitianos para afrontar esta dramática situación”,  cuya labor de rescate de heridos o cadáveres se dificulta por falta de equipos y a causa de los torrenciales  aguaceros producidos por el paso de la depresión Grace.

Haití sufre hoy los estragos del magnicidio del presidente Moïse, la pandemia del coronavirus, crisis institucional y política, estado generalizado de inseguridad y ahora  un terremoto de grandes proporciones, por lo que esta vez la comunidad internacional debería ver a ese pueblo con ojos de conmiseración.

Cuando acaeció el seísmo del 12 de enero de 2010 que devastó la capital haitiana, el Gobierno dominicano acudió de inmediato en auxilio del vecino, lo que se reedita  al conocerse la  tragedia del sábado con el envío a Haití  de cargas  aéreas y terrestres, equipos y personal especializado en labores de rescate y asistencia.

En tan aciago momento, el mundo tiene el imperativo deber de  volcar asistencia económica, logística y técnica hacia  el pueblo haitiano que sufre otra gran desgracia, como también el primer ministro Ariel Henry y su gobierno están  compelidos a garantizar que la ayuda llegue a tiempo a los ciudadanos, sin tropiezos con  el demonio de la corrupción.

El Nacional

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