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Quintaesencia

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Rafael Ciprián

Reformar o no reformar

El genial dramaturgo inglés William Shakespeare o conjunto de intelectuales, dependiendo de que creamos o no de que existió el artista con ese nombre o que fue una inteligente invención de un conjunto de creadores literarios, universalizó el “To be, or not to be, that is th cuestión”. Esto es, ser o no ser, esa es la cuestión.

 Y ahí está sintetizado el gran drama, no solo de Hamlet, el personaje que da título a su maravillosa obra, sino de toda la Humanidad. Y la República Dominicana está viviendo ese dilema, con la anunciada reforma constitucional que planteó el presidente Luis Abinader.

Hasta la sociedad se ha dividido en tres grandes polos: uno, los que  desean el cambio de la Ley Suprema; dos, los que se oponen a ella y tres, los que son indiferentes a ese posible acontecimiento jurídico-político. Con los que desean la revisión del Pacto Político, el jefe de Estado no tiene mayores inconvenientes. Creemos en la necesidad de esa revisión.

Ahora bien, el punto a dilucidar con los que coincidimos con el Mandatario, que es de esencia trascendente, es la forma o vía institucional que se utilizará para materializar la reforma. Podrá ser por medio de la Asamblea Revisora, que es la instituida en la actual Constitución, o por la Asamblea Constitucional, que es la que preferimos. Esta requiere que se reforme primero la Carta Magna para consagrarla en ella, y en sustitución de la Asamblea Revisora. Luego, agotar el proceso con la verdadera participación popular.

Estamos seguros que el pueblo le agradecería a su Presidente que lo tome en cuenta para esa iniciativa con la Constituyente.  Negarle ese derecho es simple y llanamente coger los mangos bajitos, y seguir el camino trillado.

La ficción de la representatividad que expresa la Asamblea Revisora no convence a nadie. Sirve para aplicar la política del gatopardismo o de Lampedusa: aparentar que se hacen los cambios para que todo siga igual. Más de lo mismo. Con los que el líder del Partido Revolucionario Moderno tentrá que hilar fino será con los que se oponen a los cambios. Son los conservadores. Desean mantener todo cómo está. El estatus quo les sienta bien y representa sus intereses y aspiraciones.  Es también su derecho y opción. Y en democracia hay que respetar esa preferencia.

Por último, los indiferentes frente a la reforma no aportan nada y son fortalecedores de la oposición a la mencionada reforma. Los indiferentes por apatía e irresponsabilidad social y política, parafraseando a Dante Alighieri, en la Divina Comedia, merecen permanecer en el lugar más caliente de lo indeseado.

Sin embargo, los indiferentes por ignorancia, porque no saben lo que les conviene, merecen solidaridad y orientación adecuada. Hay que decidir: reformar o no reformar la Constitución.

Por: Rafael Ciprián/ rafaelciprian@hotmail.com

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